JUAN DOFFO

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CRÍTICAS

Texto completo de la nota que Horacio Zabala escribió en la Revista Arte al Día de Octubre sobre la muestra de Juan Doffo en Galería Rubbers (septiembre/octubre de 2007))


Las formas de la visión

La contemplación de las obras recientes de Juan Doffo me causan inquietud y placer, pero ignoro el porqué. Durante y después de la contemplación, la búsqueda del porqué también me resulta inquietante y placentera a la vez. Este es el punto de partida de la siguiente interpretación.

Vivimos en la sociedad del espectáculo permanente e integrado. Miremos donde miremos, encontramos, elegimos, producimos, reproducimos, manipulamos y consumimos imágenes fijas y en movimiento. Están ahí durante las 24 horas del día: se difunden y circulan, se renuevan y perfeccionan repetidamente, una y otra vez. Están ahí, nos esperan en los inmensos paneles publicitarios, en la televisión, en el cine, en Internet, en los kioscos de cualquier ciudad, en cualquier viaje, en cualquier rincón. Ellas afectan, cada vez más, nuestra manera de ver, sentir y pensar las cosas del mundo.

Hay un cierto momento, en la modernidad, en el cual la obra de arte deja de ser leída y comienza a ser mirada. Un nuevo acontecimiento transforma su esencia: la irrupción de la tecnología de reproducción. Walter Banjamin es el primero, en 1936, que analiza el proceso por el cual la contemplación (en el recogimiento) ante la obra de arte se sustituye por la recepción (en la distracción) ante la imagen. En síntesis, el proceso por el cualel valor cultural, el carácter único y trascendente de la obra cede de frente a su valor expositivo. La obra, infinitamente reproducida, se convierte en una imagen sin “aura”: es pura visibilidad y quien la mira es el sujeto colectivo que tiende al anonimato.

La reproductibilidad técnica es el antecedente inmediato de la civilización de la imagen en la cual vivimos (desviación obviamente impensada por Benjamin). Pero así como no todas nuestras experiencias con la realidad están mediatizadas, no toda las producciones artísticas contemporáneas están sometidas al mero flujo de las imágenes de nuestra sociedad del espectáculo.

Las pinturas de Juan Doffo no provienen de este flujo reiterativo y cotidiano, no se vinculan con las imágenes violentas y frívolas o con las informaciones y cálculos que saturan nuestro entorno. Provienen, en cambio, de experiencias existenciales, de concepciones e intuiciones significativas a propósito del tiempo y la impermanencia; están empapadas de nuestra condición efímera, de nuestro aquí y ahora. Ante sus obras siento la resonancia de una antigua hipótesis: uno de los múltiples sentidos del arte es dar forma a una visión del mundo. Entiendo que podemos aplicar y ahondar esta idea en relación al procedimiento creativo-constructivo que entrañan sus pinturas: en ellas hay un vaivén de “encuentros y desencuentros” o de “convergencias y divergencias” diferente carácter, que escribo a continuación:

Aproximación y alejamiento del paisaje inmediato y de la bóveda celeste.

Reiteración de realismos ilusionistas y abstracciones gestuales.
Reunión y separación de perspectivas lineales y planos monocromos.

Congregación y dispersión de árboles frondosos y arquitecturas bajas.

Lucha y reconciliación entre la noche y la luz, oscuridad y el incendio.

Apertura y clausura de horizontes y líneas de fuga.
Instauración y abolición de puntos precisos y superficies insondables.

Revocación y aprobación del centro (lo urbano) y de la periferia (lo rural).

Delimitación y fragmentación de la monumentalidad y la insignificancia.

Expansión y reducción de retículas ortogonales sobre la persistencia del caos.

Descubrimiento y ocultamiento el entorno físico y el metafísico. 

Emplazamiento y desplazamiento de menhires puros y nubarrones rojos.

Erradicación y fundación de rutas rectas y obstáculos curvos.

Enturbiamiento y encendido de leyendas remotas y reflejos artificiales.

Desmoronamiento y edificación de escenarios exteriores y ficciones interiores.

Considero que estas descripciones y asociaciones no se pueden tomar al pié de la letra. Son el resultado de tres momentos contemplativos: ante cada obra en particular, ante el “pasaje” de una a otra y ante el conjunto de la exposición. La lista es un inventario de recortes parciales que intentan, con libertad lúdica, metafórica e imaginaria, señalar algunas trayectorias opuestas y complementarias. Mi inventario no quiere imponer nada, sino exponer mis experiencias estéticas impregnadas con el espacio pictórico de Juan Doffo. Vale decir, con el orígen de mi inquietud y placer.

Veamos brevemente las pistas que ofrece enfocar la visión (o intuición) del mundo de un artista. Se admite que el mundo físico, sin nuestra presencia, no sería el mundo. Esto no significa que nosotros le damos realidad, o que el mundo ha esperado al ser humano para ser real. En todo caso, somos hombres en tanto nuestro horizonte es el mundo. Martin Heidegger dice que no habitamos porque hemos construido, sino que construimos y hemos construido en tanto que habitamos. Por lo tanto, una visión del mundo habitado y construido es algo que sucede a partir de nuestra búsqueda de sentido, en tanto somos habitantes y constructores de realidades y ficciones.

Las formas que traducen la visión del mundo de un artista provienen de cosas visibles e invisibles, lejanas y cercanas. En el caso de las pinturas actuales de Juan Doffo creo que hay múltiples alusiones al simbolismo y a la imaginación utópica (Odilon Redon, Étienne Louis Boullée, Xul Solar, Roberto Aizemberg), a la grandiosidad que transforma los fenómenos naturales en sublimes (Caspar David. Friedrich, John Constable, Yves Klein, Mario Merz), a las ruinas, el silencio y lel desierto (Gianbattista Piranessi, Michelangelo Antonioni, Walter de María), a las visiones anti-utópicas (George Orwell, Stanley Kubrik, Jean-Luc Goddard), al simbolismo de los viajes y sueños (Johan Füssli, Andrei Tarkovsky, Jorge Luis Borges, Franz Kafka), a las representaciones del espacio (Lucio Fontana, Yves Tanguy, James Turrell).

Sin embargo, una visión del mundo no es sólo el resultado de la tradición visual y literaria que el artista recibe de la historia y de su propio pasado. Es también algo cambiante que aparece y desaparece: es su manera de ver y sentir, pensar y actuar, hacer y deshacer en el contexto que le toca vivir. Su visión, traducida en formas y colores, es su propio modo de confrontarse con la inmediatez del aqui mismo y ahora mismo como con lo que está antes y después (es también confrontar su obra al espectador que la contempla e interpreta).

Si, como afirma la hipótesis, el arte da una forma a una visión del mundo, el artista Juan Doffo sería una suerte de "hacedor" de señales, espacios, movimientos, huellas, lenguajes, figuras, tonalidades e intensidades. En síntesis, un hacedor de formas-colores. Esta idea del artista es milenaria. Los griegos piensan el arte como técnica (tekhne). El elemento decisivo de esta antigua palabra no está en la fabricación de la cosa (o la imagen) en el sentido de su manipulación artersanal. Para los griegos, todo procedimiento técnico es un "modo de desvelar" que entraña conocimiento, creación y producción. Es un construir que pone de manifiesto lo que estaba oculto, es permitir que la cosa aparezca ante nosotros, que sea accesible y que signifique. Desde la Antiguedad, la obra de arte es una cosa en el sentido más ámplio del término. Es algo ubicado en el tiempo y en el espacio que está en relación con nuestra actividad perceptiva, representativa e interpretativa. El artista, hacedor de formas, también es para los griegos un intérprete. El modelo es Hermes, hijo de Zeus, soberano del Olimpo. Hermes escucha, mira, traduce, recrea y transmite a la sociedad los oscuros designios de su padre y de otros dioses menores. No por azar, Hermes da lugar al término "hermenéutica", ciencia de la interpretación, que afecta desde la jurisprudencia hasta la antropología, desde la religión hasta el arte.

En la actualidad nadie puede dudar que en nuestra civilización de la imagen domina el la tecnociencia guiada por la economía, y que una de sus consecuencias visibles es la circulación trepidante de la actualidad mediatizada. Las obras de Juan Doffo contradicen y se desvían de los valores de la persuación del este contexto publicitario, interrumpen el curso acelerado de la difusión ruidosa y comunicación por imágenes, paraponer en relación lo real, lo imaginario y lo simbólico. Y paralelamente, para que nosotros también, a nuestra manera, los pongamos en relación.

Sus pinturas recientes son el resultado de una práctica significante que acompaña su concepción del arte contemporáneo, su percepción de las cosas y sus interrogaciones a propósito de los acontecimientos humanos. Sus pinturas exigen una contemplación lenta y silenciosa: en este sentido se autoexcluyen dela actual proliferación y circulación de la imagen.

Juan Doffo da una forma a su visión de las cosas del mundo para revelar algo que no se muestra a traves de algo que se muestra.

Horacio Zabala Primavera de 2007

1) “Strange substance” serie
 
This series solely comprises the photographies of great format, and it would be appropriate to call them photoperformances; they are part of the artist's work of recent years, picturing his homeland in the vast plains of the Argentine pampas, where the landscape interacts with the assistance and participation of the folk.
 
This reality built close to what might be considered cinematographic productions, transforms this wild space into a ritual territory, where reference is made to the psychological, life, death, transcendence. The photographic shots taken with an average format professional cameras documented these actions, in occasions long days were required for their preparation. This shows the ceremonial aspect of this artistic work, rising from the artist inner self shaping the forms of social and subjective identities. In Doffo's photoperformances the ritual is as important as the resulting image. The ceremonial meeting of folks, their reverent silence, their captivating stare, is perceived, for instance, in "Arquitectura del infinito" (Architecture of the Infinite) and "Movimiento continuo" (Incessant movement). If the images contain the romantic origin projecting into the artist's psychology facing the mystery of nature, this subjective imaginary results in a collective construction.
 
Fire draws forms and ideas in the plain, marking distances and centers, proposing boundaries, highlighting with its   methodical geometries the artifice imposed by the human presence   with its life and death rituals, in nature. Time appears in these great images, proposing themselves like the condensation of a ritual.
 
"Human life is an infinite and circular trip", seems to say Juan Doffo with his writings of fire at daybreak, in the sunsets and the nights of his tiny town in the pampas. He draws the landscapes in a personal, minimal and still transcendent geography, signalling a street in his town, or his parents grave. The small existence of a man and a neighbourhood summarizes the incessant circle of the universal time.
  
2) “Nights skies” serie:
 
This series of photos shares points of continuity with his former project, Strange Substance, where fire is the key element, and his home town and its people are the background. This time, the same habitat is transformed into another symbolic system. The stars’ orbits (stars are fire in motion), the night sky and the pampas landscape fuse into a vast architecture. The artist brings us closer to infinity and to the dynamics of the Universe related to the earthly one. Undoubtedly it is an attempt to integrate Heraclitus’ philosophical thought (everything changes) with that of Parmenides (nothing changes.)
 
This photographies are direct shoots: there is neither technical nor digital manipulation. Given the appropriate weather conditions, his camera lenses capture the light and color coming from the stars, mainly from their motion. Immersed in this celestial dynamics, landscape seems to become a static observer, but, at the same time, a participant of this infinitude.

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