CARMEN IMBACH

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CRÍTICAS

LAS12

 

 

28 de julio de 2017

 

 

MUESTRAS

 

 

Trenzar, coser, tejer

 

 

Voces y cuerpos en conflicto, exposición de las artistas Silvia Gai, Carmen Imbach y Viviana Debicki en la Facultad de Filosofía y Letras (UBA), utiliza el lenguaje del arte textil para aludir a técnicas simbólicas de las luchas de las mujeres. Reproducen, en esa la reunión colectiva del hilado, un paradigma ancestral de horizontes revolucionarios.

 

 

Por Laura Rosso

 

 

 

El cuerpo femenino como cuerpo presente, denunciante y resistente a las diferentes formas de patriarcado y sumisión política y económica, porque los cuerpos de las mujeres son cuerpos que trazan horizontes revolucionarios. Esa fue la idea desde donde se pensó Voces y cuerpos en conflicto, una exposición que se enmarca en las XIII Jornadas Nacionales de Historia de las Mujeres y el VIII Congreso Latinoamericano de Estudios de Género, que se organizaron durante esta semana en la Facultad de Filosofía y Letras (UBA).

Las artistas Silvia Gai, Carmen Imbach y Viviana Debicki expusieron sus obras, con la curaduría de María Laura Rosa y Silvia Marrube, ambas del Grupo de Investigación en Arte Feminista y Estudios de Género. La muestra está compuesta por trabajos textiles pensados para un espacio determinado de la Facultad y para dialogar con las temáticas abordadas en las Jornadas que concluyen hoy.

Se trata de tres piezas sites specific, efímeras y frágiles en sus materiales, pero potentes en sus reflexiones sobre las resistencias feministas. “Las tres artistas emplearon el lenguaje del arte textil para aludir a una técnica que se vuelve símbolo de las luchas de las mujeres”, señala María Laura. Y Marrube agrega: “En sus búsquedas de trenzar, coser y tejer, en la reunión colectiva del hilado y en la concentración personal del bordado, nos hablan de individualidades que se unen y de fuerzas que al encontrarse conforman horizontes revolucionarios”. Las tres artistas trabajan desde hace muchos años cuestiones de género, por eso el diálogo entre las obras se dio de inmediato.

Cada una propuso un eje relacionado con el tema de las Jornadas utilizando técnicas del arte textil. El cuerpo y la resistencia del cuerpo femenino; la domesticidad y los mandatos familiares; el impacto en la infancia sobre lo no dicho, la violencia, y cómo impacta el lenguaje sobre el cuerpo de las mujeres. “La idea es pensar de qué manera las mujeres, a través de una técnica a la que se las ha asociado desde siempre, como la costura, el hilado y el tejido, y absolutamente menospreciada por ser del ámbito cotidiano, pueden establecer redes de contacto y generar nuevos paradigmas”, subraya Marrube. 

 

Úteros de papel  

 

Desde 1997, Silvia Gai trabaja en sus obras temas vinculados con las mujeres. “El sida, la enfermedad, lo cotidiano, la resistencia y la fuerza que tenemos las mujeres desde lo pequeño e invisible”, señala esta artista que en sus inicios fue estudiante de Ciencias Biológicas. Para su trabajo, que llamó Nidos, utilizó un material que le es familiar: el papel de seda, un papel que proviene de la fábrica de zapatos que su padre tenía en el fondo de su casa. Silvia cortó esos papeles y tejió con agujas de crochet formas como úteros o nidos para dar cuenta del cuerpo de las mujeres. Un material cargado de elementos biográficos, recuerdos e historias de su infancia y adolescencia, cuando su madre trabajaba en el empaque de los zapatos mientras hacía las tareas de la casa. “Se trata de formas orgánicas trenzadas con papel de seda que dan cuenta de la fuerza del cuerpo femenino y su resistencia reparadora. Nidos contenedores de nuevos gérmenes y nuevas posibilidades de denuncia y resistencia”, propone Marrube. María Laura agrega: “Nidos que simbolizan las energías de las mujeres, quienes desde lo cotidiano pueden tejer grandes revoluciones, variando el orden de lo establecido”. Son formas potentes donde aparece la fuerza del cuerpo femenino y su resistencia reparadora. “Las mujeres ponemos el cuerpo, ese cuerpo violentado tantas veces por el machismo instaurado”, sintetiza la artista. 

 

Desde el año 2000, Carmen Imbach investiga en su obra cuestiones femeninas e indaga en los vínculos afectivos que sostienen el universo doméstico y tienden redes para la creación de espacios de convivencia. Con su instalación Mujeres en la intemperie, dispara sobre las consecuencias físicas y psíquicas de la violencia. “Con esta obra, Imbach se detiene a pensar en una de las luchas más duras que tenemos como sociedad: la de la violencia sobre el cuerpo de las mujeres, que deteriora nuestro presente y marca sombriamente nuestro futuro”, señala María Laura. Una serie de vestidos blancos, casi translúcidos, sobre los que se inscribe un texto esparcido y bordado en rojo que dice: “Es la primera y última vez que me golpea, no esperemos a la sangre, el ojo negro o la muerte”. Vestidos como redes bordadas o cuerpos ausentados que capturan palabras y cuestionan funcionamientos machistas. También, huellas o testimonios que abren camino para la resistencia. “Esta obra trae la idea de puntada subversiva que reconstruye cuerpos ausentes. Hay una semblanza o un recordatorio de lo que puede ser un vestido de novia: son blancos inmaculados excepto por las máculas rojas donde está inscripta la leyenda sobre la violencia que sufrimos las mujeres cotidianamente”, aporta Marrube. Para este trabajo la artista utilizó hilo de coser y macramé almidonados para luego tejer y bordar. “Los pliegues sociales y políticos siempre escondieron estos delitos, pero hoy esto se está modificando a causa de la lucha de las mujeres, que en las diferentes épocas supimos redefinirnos y dejarnos las puertas abiertas para reordenar un nuevo tejido social, tramando nuestro género”, arroja la artista. Los ruedos de los vestidos -que cuelgan de un barral y miden más de dos metros y medio- abordan a lxs espectadores que pasan, tocan y los rozan por debajo. “Esta es una metáfora -suma Imbach- porque la gente no está atenta, pasa, va y viene y no lee el texto que está bordado en los vestidos. Ve los hechos de violencia como un espectáculo, como algo morboso. Por eso esos bordes quedarán deshilachados, rotos, enganchados”.

 

En el origen del proyecto de Viviana Debicki está la elección de un fotograma de la película Golden Eighties (1986), de Chantal Akerman. “Debicki tomó ese fotograma para destacar a través del bordado cómo esa acción conjunta y urgente se marca en el cuerpo de sus protagonistas. La obra tiene como objetivo subvertir los acuerdos culturales que generan exclusiones de las mujeres y del resto de las diversidades sexuales”, suma María Laura. “Esos fotogramas colgados quedaron como estandartes que se plantan y llaman a la lucha”, agrega Marrube. Golden Eighties es un musical que narra la vida en una galería de compras e interpela a lxs espectadores sobre las reivindicaciones feministas y los espacios designados para las mujeres. Voces en bocas, es un cruce de técnicas y soportes que consta de cuatro paños de tela blanca de las mismas dimensiones sobre los que se montaron los cuatro fragmentos de la fotografía impresa en papel. “Las imágenes tienen un tratamiento textil que destaca las bocas de las mujeres, bordadas en hilo rojo”, señala la artista. Y así conjuga estereotipos sociales y mandatos con la sutileza del arte textil sobre una fotografía en blanco y negro.

 

Artes en Facultad

 

El espacio de Facultad resultó novedoso para ambas curadoras por las posibilidades de concientización para las alumnas y los alumnos que transitan sus pasillos todos los días. “Es necesario y urgente que se produzcan cambios en temas relacionados con violencias, libertades y derechos de las mujeres”, resume María Laura. Y rescata la importancia de esta muestra. “Hace muchísimos años que no se hace una exposición artística dentro de la Facultad, donde paradójicamente se dicta la carrera de Artes. En 1991, Liliana Maresca expuso la escultura Ouroboros, una enorme serpiente de veintiséis metros cuadrados, que se mordía la cola, hecha de papel, cola, barniz, alambres de construcción y libros, obra que luego destruyó quemándola en una ceremonia privada donde cumplió con el destino efímero de la escultura”.

En esta ocasión, fue Nora Domínguez, directora del Instituto Interdisciplinario de Estudios de Género, quien escuchó y acompañó la realización de la muestra. Así, en el contexto de estas Jornadas sobre Historia de la Mujeres, se cruzaron ideas teóricas y artísticas para reflexionar y seguir pensando perspectivas, líneas de fuga y escape a cualquier situación de dominación y sometimiento. 

 

Facultad de Filosofía y Letras. Puán 480, CABA.

 

https://www.pagina12.com.ar/52800-trenzar-coser-tejer


Trenzar, coser, tejer

Entrevista a Carmen Imbach

 

IV Salón Nacional Textil Fundacruz 2015
Primer Premio Nacional: Carmen Imbach Rigos

Por Pablo Beecher para LA OPINION AUSTRAL

 

El 2 de octubre último se inauguró en Fundacruz el IV Salón Nacional Textil que contó con la presencia de la ganadora del Primer Premio, Carmen Imbach Rigos, y de Silvia Laborda, integrante del Centro Argentino de Arte Textil (CAAT). El jurado del Salón estuvo formado por las reconocidas artistas Pupi Rymberg, Berta Teglio y Lucía Torres. Egresada de las tradicionales escuelas de arte porteñas, “Manuel Belgrano”, “Prilidiano Pueyrredón” y “Ernesto de la Cárcova”, Carmen se desempeña en la Universidad Nacional de las Artes e integra el equipo de investigación sobre Arte, Género e Historia.

  

¿Cuál es tu formación?

Carmen: Nací en Uruguay. Me involucré con el arte a los tres años, aproximadamente, que fue cuando empecé a dibujar más que a pintar, después se dio la confluencia de ambas cosas. A los dieciocho años llegué a Buenos Aires. Estudié en la Escuela de Arte “Manuel Belgrano”, después continué en la Escuela “Prilidiano Pueyrredón” (que ahora forma parte del decanato de la Universidad Nacional de las Artes porque se sumaba al sistema universitario). 

Empecé a trabajar en la vieja “Pueyrredón”, pero cuando pasamos a la universidad debimos hacer la equivalencia para la licenciatura y el profesorado universitario. Más adelante estudié en la Escuela “Ernesto de la Cárcova”. Ahora trabajo en el UNA y también pertenezco al equipo de investigación sobre Arte, Género e Historia. En este momento investigamos el lugar de la mujer que estudió en la “Pueyrredón” y la que llegó a ser docente. Estamos trabajando en forma oral, porque los archivos quedaron en el antiguo edificio que tiene peligro de derrumbe. 

El proyecto tiene que ver sobre el lugar social de la mujer y estas relaciones en convivencia con el arte, la vida cotidiana y la familia. 

(En 2000 todas las universidades de arte se nuclearon para formar un rectorado). 

 

¿Cómo ha sido tu camino de artista?

Digo siempre que tengo la suerte de no haber elegido qué es lo que quería ser porque ya era una forma de vida y sabía que era eso. Es una convivencia constante porque empiezo a participar en el arte a partir de los veinte años. Mi origen es la pintura, clásica, sin embargo después, entre el estudio, el trabajo y la pintura, llego finalmente a lo textil. Queda claro que no provengo de lo que conocemos como lo “clásico textil”. Es curioso porque en 2000 -donde hubo en nuestro país un estallido social- antes yo experimenté otro estallido, pero dentro del arte. Esta cuestión de las disciplinas que antiguamente estaban tan marcadas (ahora existe un planteo en las mismas universidades para que no suceda más) no completaba lo que yo quería. Entiendo que inicialmente somos comunicadores visuales, entonces los recursos que podía utilizar para trabajar sobre un soporte me hacían sentir cierta limitación por la que no llegaba a comunicarme. Toda esta investigación me llevó a realizar un giro porque la conceptualización en el arte era lo que más me interesaba. Investigando fue que llegué a mi infancia y a una abuela italiana que fue quien me educó y enseñó a tejer, bordar y “a salir a jugar”… las viejas labores. En esa etapa y en ese tiempo las abuelas, sus amigas, se dedicaban a bordar y a hacer esas carpetas. Ese producto era el lucimiento de una casa “coqueta”, un regalo atento, un gesto amoroso de una mamá a una hija que se casaba y le daba el ajuar, las sábanas con sus iniciales bordadas.

En esta otra época es que puedo tomar todas esas herramientas, esos materiales textiles que tomo como herramienta de construcción para mi trabajo. Está presente la abuela y contra eso no se puede porque es la presencia de la madre. Es interesante porque eso pasa a ser obra como una cuestión irónica, y también es político porque cuando se refiere a lo femenino es implícito que se está hablando de una política. Esta cuestión social también me interesa, me importó mucho ir analizando este lugar social que va ocupando y que pide la mujer que sea diferente desde una relación de igualdad.

Toda esta situación hace que yo me vaya apropiando cada vez más de lo textil. 

 

¿Allí te relacionas con el CAAT?

Sí. Recientemente. El CAAT también nos da la bienvenida a los que provenimos de otro lugar, que es el visual. 

El CAAT viene con una construcción muy clásica y muy bien abre las puertas y van ingresando artistas de otros lugares. Esto se ha ido fortaleciendo y el CAAT, particularmente, ha ido creciendo con una nueva construcción mucho más contemporánea y de mayor desarrollo. 

En el mundo actualmente no se puede hablar de disciplinas, sino que existe un cruce de lenguajes. Esto de ir apropiándose y trabajar desde lo textil es una nueva forma de comunicarse visualmente y tiene que ver con una reconstrucción de estas labores que mencionaba y que eran tan desvalorizadas. Es un movimiento diferente donde están conviviendo hombres y mujeres, porque no es una cuestión únicamente del género femenino.

El arte textil se ha desarrollado muchísimo porque se ha puesto la mirada desde distintos lugares y la creatividad de todos los costados. Si uno está acostumbrado a trabajar solamente en pintura o escultura el diálogo es muy directo, pero cuando uno investiga y se mueve hacia otros campos, las miradas cambian. El hecho de tomar un material tan diferente también nos da una reconstrucción a cada uno de nosotros. En nuestro país el arte textil es ahora un protagonista importante porque contamos con una bienal y un salón nacional que en otros países -inclusive europeos- no existen.

En esos casos quizás es resistencia porque siempre los lugares estancos son los que van permaneciendo, pero también nos habla de otra construcción. Existe una resistencia muy grande donde el lugar del varón intenta seguir siendo el mismo porque es muy difícil cambiar. Son tiempos, pero no de roles, porque los roles siguen siendo los mismos aunque abogamos por una mejor convivencia. 

En mi labor trato de ser lo más fiel posible a mí misma y me presento a los concursos en la medida en que voy viendo que me resultan importantes. Cuando vi este de Fundacruz en Río Gallegos, Santa Cruz, me encantó, porque me gusta mucho la idea tener una participación o visitar otros lugares en esta convivencia de poder conocer distintas personas. En el interior el tiempo es diferente al de capital y me siento muy cómoda porque crecí en una ciudad chica, entonces la paso muy bien. Estos ritmos de vida, no sé si más tranquilos, pero donde el paso es más lento y donde se va mirando la obra un poco más.

Había viajado anteriormente a Santa Fe, porque con la serie “Juegos de niños” conocí de manera azarosa la fábrica de bolitas “Tinka” de San Jorge con la que me vinculé, y cuando ellos cumplieron 60 años de trayectoria me invitaron e hice una muestra y a partir de ese momento los asesoro en la parte artística... ¡Maravillada de la técnica de las bolitas! 

Esta es una serie de obras grandes de 2,20 x 6 mts. y hasta 16 mts que ocupan paredes enteras o muros. Es una forma de tomar los espacios, entonces también trabajo con los muros familiares y los espacios que se habitaron.

 

¿Cuáles fueron los grandes disparadores en tu obra?

Teniendo mucho más clara la mirada ideológica sobre esto donde el interés está puesto desde el lugar femenino he trabajado con series sobre retratos de familia. Me gustan de estos retratos -es una observación personal- observar lo simple, cotidiano, la gestualidad, los silencios donde el cuerpo va hablando, la mirada va hablando y se mantienen como momentos fríos de silencio. Eso especialmente, entonces los retratos que voy haciendo no tienen que ver con un busto y la representación milimétrica del personaje sino buscar en ese diálogo a esos personajes de esas familias, cómo fueron viviendo y a través de la mirada del cuerpo si son tan felices o no. Trabajo con redes que van reflejando una sombra que va significando lo oculto, lo que subyace de los silencios, de lo oculto de cada grupo de familia. Ahora sigo con las redes, voy cambiando las series y voy dialogando siempre, constantemente, con las sombras, porque las sombras son siempre otro oculto, como lo que puede asustar, como lo que no se dice, donde digo que de todo lo que tiene que ver con la familia existen aspectos que no se pueden hablar. Cuando trabajo con una serie digo: ¿Cómo es que se va construyendo el género desde esta formación tan clásica que hemos tenido? Y también es una crítica social. Tomo el juego de niños, las bolitas, porque a mí me gustaba cuando era chica, y sigo trabajando con esa sombra que era todo lo que fui pasando -y muchos pasaron- de aquello no permitido y que uno igualmente sí hacía.

 

¿Cómo es la elección de esos personajes?

Hago relevamiento fotográfico, luego dibujo en tamaño más chico y después, aquello que voy eligiendo porque puedo dialogar con ello, lo fotocopio al tamaño que me interesa y luego voy trabajando sobre eso. ¿Qué es lo que elijo? Hay ciertas cosas en común que tenemos los seres humanos: ciertos dolores, ciertas ausencias, represión, que van correspondiendo a determinadas generaciones, entonces podemos tener una vida autorreferencial pensando en ciertas cuestiones mías, privadas, o de mi familia, pero a su vez también de la tuya porque sé que eso va sucediendo más allá de que yo sepa la historia sino porque hay cuestiones que humanamente nos atraviesan, entonces voy por momentos jugando con una construcción social de todos los que estamos como en un mismo lugar. Esas son las cosas que más me interesan.

 

Mencionaste a una de tus abuelas… ¿Qué sucede con tu historia familiar?

Mis ancestros fueron inmigrantes italianos, suizos alemanes y alemanes, todos vinieron mal de Europa porque ninguno venía feliz sino como con alforjas llenas de esperanzas y de deseos que a veces morían con ellos en el viaje en barco o cuando llegaban a tierra se encontraban con esos lugares que físicamente vaya uno a saber si era lo que esperaban. Otros murieron poco después de llegar y los demás sobrevivieron. Esto nos plantea sobre cómo es cada uno, cómo va llevando la vida… Hubo quienes tuvieron una entereza impresionante y ellos fueron los que sobrevivieron. Uno viene como muy fuerte con toda esa historia, pero hay que tener cuidado con cómo nos abrimos a los afectos, de poder conectarnos desde un lugar mucho más lúdico y que los dolores y esos rencores… Es la vida y bueno… Nunca haría referencia en los libros de autoayuda de los que descreo sino que propongo ver esos mapas humanos. Este es otro tema en el trabajo… mapas femeninos, mapas humanos. Hay puntos de encuentro con la obra de Lucía Torres con quien acabo de conectarme a propósito de este Salón, vimos nuestras obras y tenemos pensado visitarnos próximamente en nuestros talleres para establecer un diálogo.

Y sobre lo femenino esta cuestión de la violencia. Esto que hago sobre juegos de niños también refiere a la violencia ahora que se va hablando y dejando de naturalizar tantos hechos violentos porque estamos acostumbrados a vivir pensando que aquello que no se dice, que no hay un grito, que no hay un golpe, no tiene que ver con la violencia, y sí lo está, entonces yo voy hablando de todo esto que parece por oposición o contraste -trabajándolo como la carpeta de la abuela y demás- que es algo muy simple y dulce, y no es así. 

En esto de los pliegues sociales, entretejer pliegues, que es esta última serie, trabajo sobre la violencia femenina, pero también a su vez la violencia social donde implica a los nenes, las nenas y las mujeres que son los más desprotegidos socialmente, que los sistemas sociales no pueden absorber porque hay un plan para que ello no suceda. Simplemente. Porque es una mirada de cuestiones de poder y economía donde está establecido que no tengan lugar. Eso es sumamente violento. Eso también se va cruzando con la violencia de tantos asesinatos de mujeres. Este es uno de los trabajos de esta serie donde hay determinados personajes que van dando referencia a eso. En mi obra hay una mujer sentada que tiene la boca cocida y cae en esos hilos donde quiero connotar una sensación que pueda provocar. Aparecen los perros… Esta idea de que en la calle los niños siempre están acompañados por perros. El perro es eso. El que va comiendo esos desechos, esas cosas que se van cayendo. Es toda una idea metafórica. Trabajo con el cruce del lenguaje, con la palabra escrita con los mismos materiales textiles. Estos textos tienen que ver con relevamientos gráficos que hago o discursos de determinados personajes que me parecen relevantes. Entre muchos hay un premio nobel de la paz que dice que la peor violencia es hacia la mujer y en tanto las sociedades no puedan rever esto considera que no se puede seguir adelante donde los sistemas funcionan de esa manera. Una parte de esa frase la coloco en la obra acentuando este discurso visual, además trabajo con textos escritos en un hilo que voy dando forma dentro de la misma obra para que se puedan leer.

 

¿Un tipo de denuncia?

No sé si denuncia. No hay pretensión. Sería genial que fuera muy conocida y lo que yo pueda hacer fuese leído muy rápidamente. No es el caso. Esto tiene que ver con la intención de visibilizar aquello que está naturalizado y creo que mínimamente y de alguna manera nada pretenciosa, si entre nosotros vamos dialogando, hombres y mujeres, sobre lo que sí está tan enquistado desde el inicio de la vieja Grecia, todos vamos a pasarla mucho mejor, vamos a tener mejores convivencias, mejor avenencia, poder escucharnos mejor, entendernos porque estas son cuestiones políticas, políticas sociales, debido a que somos sujetos políticos.

Esta es la intención de trabajar desde este lugar. 

 

¿Cómo funciona el CAAT?

Silvia: El CAAT es el Centro Argentino de Arte Textil, una entidad que nuclea a las artistas textiles y funciona de una manera maravillosa. Me presenté en un Salón, enseguida me asocié y empecé a tener una comunicación más fluida en cuanto a talleres y charlas. Es un lugar que convoca de manera permanente a los artistas y un lugar de pertenencia importante donde también se pueden hacer amigos. El CAAT funciona en Capital Federal en un edificio de Viamonte y Callao.

 

¿Cómo fue el camino de las artistas textiles? 

Hoy el artista textil tiene una gran apertura y despierta interés porque cada vez existen más lugares de convocatoria además de las tradicionales como pintura, grabado y escultura. El arte textil actualmente está presente en todas partes, tiene buena convocatoria y existe un gran interés. Muchas de las artistas que integran el CAAT están en contacto con los ámbitos culturales internacionales.

 

¿Cómo naciste, Silvia, como artista?

Estudié Diseño de Interiores y me enteré que me gustaba el arte porque tardíamente lo descubrí. Me formé en distintos talleres y estudié escenografía en el IUNA (actualmente UNA). Incursioné en pintura y trabajé sobre madera como buena artesana. Más adelante llegué a lo textil más que a la tela porque trabajé con materiales diversos, burletes, plásticos, con distintas técnicas.

Tengo un patrón bastante interno… Me convoca mucho el manejo del material, el plano, la ciudad y sobre todo los espacios, de alguna manera lo voy reflejando en lo que voy haciendo y después me doy cuenta que se repite… Continúo en la búsqueda y tengo ganas de seguir buscando. Igualmente siento que voy cambiando.

El trabajo con el que participé del Salón empezó con superposición de telas y bordado que me pareció placentero y llevadero porque sentía como si pintara. No soy nada ortodoxa porque no sigo el punto cruz ni cadena. Ahora siento mucho placer bordando, entonces seguiré por este camino.

 


Entrevista por el periodista Pablo Beecher- Santa Cruz

Mapas femeninos en Retratos de familia

Texto para la muestra realizada en el Museo Aurelio Genovese ( 2016)

 Dra. María Laura Rosa
(Investigadora del Instituto Interdisciplinario de Estudios de Género, UBA)

 La exposición de la artista Carmen Imbach Rigos busca llevar a la reflexión el tema de la percepción de las violencias cotidianas, aquellas que diariamente parecen no existir pero que sumadas, una tras otras, traen fatalidades.

Partiendo de la idea de que nos educan para actuar según las normas de género, la artista reflexiona sobre niñas y niños que quedan atrapadas/os entre la violencia de los mayores, acarreándoles secuelas graves en su crecimiento y adultez. Los vestidos penden vacíos, chorreando sus hilos en el piso, como fantasmas que rememoran una tragedia, sin embargo ocultan a modo de muro la infancia entrampada entre las brutalidades cotidianas.

Retratos de familia se expanden por las paredes de las salas, a modo de árbol genealógico ordenados por los recuerdos. Éstos, a la vez que sugieren ver, ocultan los hechos familiares.

Imbach Rigos emplea hilos y agujas que van tejiendo tramas complejas, conflictivas y sutiles, buscando pensar en la repetición de conductas en las que muchas veces nos encontramos entrampados. Si bien el Estado es parte responsable del flagelo de la violencia de género, también existen responsabilidades individuales en pequeñas conductas cotidianas que repetimos de forma naturalizada y que no alcanzamos a percibir sus grandes consecuencias. En aquellas palabras que se susurran al oído, en los movimientos del cuerpo que inscriben reacciones, en lo prácticamente imperceptible, es donde nos invita a detenernos a través de sus obras Carmen Imbach Rigos.

 


Muestra Museo Aurelio Genovese- San Jorge- Santa Fe

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