ARMANDO SAPIA

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CRÍTICAS

La imago mundi de Armando Sapia.
 
Para iniciar este proyecto La línea piensa Eduardo Stupía y yo coincidimos de inmediato en el nombre de Armando Sapia. Nada nos pareció más apropiado que su dibujo que, a pura línea, convoca un mundo que le va surgiendo de la manera más natural y que siempre sorprende (por comenzar a él mismo).
Si Paul Valery decía que las obras del espíritu sólo existen en acto, Armando Sapia en el acto de dibujar deja dos claros testimonios: su fe en ese mismo acto de dejarse llevar por la línea, y, simultáneamente su gran escepticismo por el mundo que lo rodea, pero en el cual se siente incluido.
La huella de ese acto es una imagen que nos conmueve, en la cual convive la más terrible visión de este mundo con una ironía y un sentido del humor que, a pesar de todo, nos hace sonreír y pensar que aun se pude seguir viviendo en él, ya que por suerte allí residen personas como Armando Sapia.
En un tiempo en el cual nos bombardean y nos invaden con imágenes desde los diarios, la televisión, los afiches, el cine y, ahora, desde Internet, pareciera, paradójicamente, cada vez más difícil elaborar desde el yo una imagen del mundo. Ya en los años sesenta Kart Schewedhelm señalaba sintéticamente: muchas imágenes-ninguna imagen.
Por suerte artistas singulares como Armando Sapia nos brindan, sin embargo, su imago mundi. Su espejo, cargando de subjetividad, despierta en nosotros una conciencia de objetividad. Este milagro se sublimar lo terrible sólo pueden hacerlo grandes artistas como él.

Luis Felipe Noé
Mayo, 2006.

 

Las manos de Armando Sapia
       Armando Sapia lo dice sin ruborizarse: "Esta misma mano, no otra, es la que alguna vez sobre una pared de roca en Lascaux o Altamira, trazó el contorno de bisontes y guerreros". Se produce un silencio largo que da lugar a mi propia reflexión: es evidente que no está bromeando, me digo. ¿Porqué no puede ser cierto que esos dedos suyos un poco rústicos hayan sostenido la piedra caliza trazando aquellas líneas todavía perdurables? Esos dedos de esa misma mano que mucho más tardeen Creta y Grecia sostuvieron el delgado pincel sobre la tierra recién cocinada, ilustrando mitologías ahora remotas ayudadas por la eternidad que da el fuego. Y entonces se podría asegurar que esa misma mano fue la que sin pudor se regodeó en imágenes obcenas en Herculano y en Pompeya y que recorrió anónimamente para llamarse después sorpresivamente Boticelli, Rembrandt, Goya, David, Hokusai, Lautrec, Matisse, Foujita, Grosz, Picasso. Sobre todo Picasso. Y cerca nuestro esa mano debe haberse denominado Pellegrini, Sirio, Spilimbergo, Szalay, y contemporaneamente, Carlos y Saúl Alonso, Sabát, Scafati...
xxxxxSapia también me dice, murmurando su oráculo: "Esta mano también es como el mar..." y deja flotando en la conversación la oscuridad de la frase. Entoncesmedito en el silencio que otra vez se ha instalado entre nosotros: cada ola en el mar grita "yo", "yo", "yo. Ilisas. No llegan a entender que lo único importante es el mar que las abarca, ese misterio extenso. Así también cada uno de nosotros aúlla ese yo, yo, yo, esgrimiendo su nombrecomo estandarte de una secreta batalla. Pero no sabemos -no queremos saber- que el único yo (prolongando la metáfora) es el mar, esa llamémosla energía, o digmámosle Dios, o el Ser Esférico de Parménides, o el contradictorio de Heráclito, siempre ignoto e inabarcable que viene desde el principio de los tiempos y que paradójicamente sin nuestra pequeña mano hubiese apenas perdurado.

Serafín A. Straface

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