ILEANA VEGEZZI

inicio     perfil      trayectoria      obras      críticas

CRÍTICAS

SENTIMIENTO. SENSIBILIDAD y RIGOR PLÁSTICO
 
El paisaje reducido a los datos filiatorios esenciales sirve de excusa para que Ileana Vegezzi nos confíe sus imágenes del sueño y la vigilia.

Pampas, cielos, selvas umbrías o cursos de agua asaetados por la luz que atomiza su caudal le permiten hablar desde la elusión y la metáfora. de su rico mundo interior. Esta mirada introspectiva tiene la reserva y el arrojo de quien renuncia al discurso –obvio, palabrero- y se confía en el poder comunicativo del color y la forma.

 
Estos elementos le bastan para marcar el territorio poético. Vegezzi acota dimensiones y recursos, restringe formatos, omite complicidades tácitas y sofrena el impulso romántico proclive al caos con la norma -la razón plástica- que encauza la emoción. Con este amparo indicado por Georges Braque, ella construye secretas relaciones entre la fuerza y la gracia; acordes de sentimiento, sensibilidad y plástico rigor.
Rigor intelectual que en su caso no es impuesto sino surgido de la innata noción de la medida.
En la pintura de Ileana Vegezzi se cumplen las exigencias de las formas nobles y clásicas del soneto y de la música de cámara. El tumulto de la vida, las contradicciones entre pasión y razón, los sobresaltos de la naturaleza y su premonición cósmica dialogan -y se agitan y entrechocan- en el trazo, cada vez más transfigurado, que en la tela fija en color y ritmo este combate espiritual.
 
La índole y calidad de este íntimo desafío constituye un capítulo aparte en la pintura argentina. Vegezzi acepta los costos de la singularidad, y asume los riesgos de ser fiel a la premisa interior, al derrotero ideal que se trazó cuando decidió testimoniar, a su manera y medida, el esplendor atribulado,- de la condición humana. Y esta ausencia formal en su pintura revela la profundidad metafórica de la trasposición artística.
 
Ideal y prójima, frecuentadora de metas inalcanzables pero vulnerada por las contingencias de la vida y las circunstancias históricas, la obra de lleana Vegezzi se ajusta a la máxima de Vico para quien ´il vera poetico é il vera metafisico´.
 
Llegará el tiempo en que críticos y expertos en clasificaciones eruditas hagan lugar a esta obra en sus vademecum académicos. A deshora coincidirán con la anticipación de otros poetas que acompañan la obra de lleana Vegezzi desde sus inicios. Y estos compañeros de ruta se llaman Samuel Oliver, Samuel Paz, Sarah Guerra, Víctor Grippo, Juan Carlos Distéfano, Enio Iommi, Marta Juana Heras Velazco, prontos en advertir la calidad de la obra y acompañar fraternalmente a su autora, lleana Vegezzi.

Elba Pèrez / Marzo de 2001

Veo en los cuadros de Ileana Vegezzi una curiosa manifestación de la actual sensibilidad realista que cruzo los fronteras de la representación para hallar caminos expresivos en las cosas mismas.
 
Los plásticos impresos que elige Ileana Vegezzi como punto de partido son accesorios de uso doméstico que todos vimos muchos veces en los tiendas de Buenos Aires. Por sus colores salen al paso primero y parecen cosas divertidas, pero examinados más de cerca no nos interesan tanto y las dejamos caer en el conjunto banal de un bazar o uno ferretería.

Ileana Vegezzi, no. Los vio y se los llevó a su casa. Para ella fueron una iluminación. En ese objeto trivial, a veces ni siquiera de buen gusto, vio una caja IIena de imágenes que le correspondía liberar.

Los personajes que nacieron sobre las telas enceradas están unidos a ellas como los árboles a la tierra. No se parecen, tienen otros movimientos y otra cara, pero si los separamos, mueren.
 
Podemos mirarlos como figuras apresadas en una red, pero es más cierto considerarlos como objetos que por obra de un artista confiesan secretos guardados hasta nuestros días.

Hugo Parpagnoli / Buenos Aires, 1965

Cuando conocí o Ileana Veguezzi, a la vuelta de unos años de residencia en Caracas, comprendí que con semejantes dotes como posee sólo necesitaba coraje para desbloquear lo imaginación y devenir pintora. Me di entonces a la faena de alentarla y ella o la de desarrollarse, sin apremio pero con espíritu alerta, como lo prueba esta exposición: diez telas escogidas entre una veintena de las que recientemente pintó, de noviembre de 1963 o marzo de 1964.
 
Consigno estas fechas que testimonian un ritmo de trabajo intenso por un motivo plausible a mi juicio, pues sólo quien trabaja afiebradamente, se pone en situación para acertar. Y no porque sea conveniente pensar más o menos que antes -sería difícil decirlo- sino porque el pintor moderno piensa pintando. De suerte que, cuando más pinta más piensa.
 
No obstante, lejos está todavía de pintar pensando o de pensar pintando. En ésta su segunda exposición el instrumento se ha afinado y las notas empiezan a sonar con cierta pureza, pero suenan aisladas o en grupos que no se conectan del todo entre sí. Porque aún sus cuadros son manifestaciones fraccionadas de lo que debiera ser continuo, el "continuo" espacio-tiempo'.
 
Advierto este hecho en la manera como aborda diversos sistemas: planos yuxtapuestos como "campos", una clara ortogonalidad subyacente, manchas y signos, algún "coIlage" vergonzante y trazos a pincel en arabesco oriental que hasta puede ser caligrafía. Todo con sensibilidad y refinado sentido de imaginación pero sin la hondura que pueda lograr.

Jorge Romero Brest / Buenos Aires, 1964

Las aventuras y desventuras de una fidelidad atormentada suele signar el camino de algunos pintores.
Su obra entera parece insistir en la repetición obsesiva de un solo intento: destilar la escueta pureza de unas pocas percepciones primordiales incansablemente exploradas; hacer del gesto pictórico la encarnación de una sabiduría que se trueca en imagen sin el auxilio de la conciencia.
 
Eso dicen los cuadros de lleana Vegezzi que ha pintado manzanas desde siempre para terminar pintando a la pintura misma.

Nelly Schnaith / Buenos Aires, 1986

Ileana Vegezzi en el CENTRO CULTURAL RECOLETA
Ileana Vegezzi, bien presentada en el prólogo del catálogo, como es costumbre de Elba Pérez, nos dice entre otras cosas que "llegará el tiempo en que críticos y expertos en clasificaciones eruditas hagan lugar a esta obra en su vademecum académico."

A juzgar por esta presentación esa hora ya llegó, cada vez que recordemos que Elba Pérez es una de nuestras críticas más destacadas. En el caso de esta muestra se trata de acrílicos de generoso tamaño en los más de los casos sobrepasando el metro por lado.

La inspiración de Vegezzi la conduce al mundo de la naturaleza, expresando a través de paisajes y de flores, tratados con encomiable libertad y haciendo de su arte una pintura gestual.
Las gamas, siempre bien entonadas, van desde los cálidos rojos como Asfodelos hasta los violetas de la obra que lleva por título precisamente Azul-violeta  y que a mi juicio es una de las más bellas, datada en 1999.
 
Pero convengamos en que se trata de una muestra muy pareja en el exigente plano de la calidad Vegezzi es pintora de larga y lúcida trayectoria desde su nacimiento en Italia hasta su arribo porteño de 1940. También vivió en Venezuela, México y Europa habiendo sido residente en la Cité de Arts de París, con el auspicio del Mozarteum argentino.
 
Esta muestra está dedicada a nuestro prestigioso Samuel Paz y en el catálogo se mencionan varios nombres más de quienes le han brindado su admiración.
El arte de Vegezzi cumple con aquella cita de Vico: "il vero poetico e il vero metafisico´

Rafael Squirru / Arte al Día, Mayo 2001

Ileana Vegezzi, tras la imagen: una y todas
 
En un momento en que hasta los que debemos ver pintura por una necesidad profesional, hemos aceptado corno corriente la pintura algo desmañada, "urgente" en la plasmación gestual. Repasar conceptos y premisas delante de las telas de Ileana Vegezzi, nos lleva a redescubrir un tipo de pintura hecha con una conciencia estética profunda, y un ideario de raíz filosófica.
 
Vegezzi no necesita la diversificación temática, unas pocas manzanas pueden ser repintadas hasta el infinito, lo mismo que un paisaje en el que los altos árboles parecen llamaradas inmóviles. El refinadísimo expresionismo de esta pintora pone en valor a la auténtica pintura, a la que se explaya corno una necesidad imperiosa pero no irreflexivamente impulsiva.
El tema -como la vida- es para Ileana Vegezzi uno solo e infinito en facetas, en detalles, en luces y sombras, en percepciones.
Muy hermosa es la exposición de esta pintora singular no solamente por lo que participa visualmente, sino por reaflrmación del concepto de calidad que solemos postergar presionados por una corriente que se parece a sí misma -salvo algunas excepciones relevantes- en todo el mundo.  

Albino Dieguez Videla / LA PRENSA / Sábado 18 de octubre de 1986

Los últimos trabajos de Ileana Vegezzi revelan un mundo apasionado, selectivo y sensual, pero dominado y controlado por el intelecto.
Los paisajes denotan una imagen subjetiva, libre y aleatoria, sin determinantes ni detalles característicos, solo aparecen las esencias del paisaje: la fronda boscosa como torbellinos de hojarasca, los cielos hechos de viento, las brumas del atardecer que aplacan los silencios y la alborada que se infiltra y despierta las tensiones. No hay duda que Ileana Vegezzi pinta con pasión y con la fuerza de la gracia.

Samuel Oliver / 1984

A despecho de teorías y tendencias, por propia virtud, las últimas pinturas de Ileana Vegezzi obligan al espectador a replantearse la relación entre naturaleza y tradición pictórica, entre el acto especulativo y la intención que la mano rescata de la memoria para develar la belleza.

Imágenes desprovistas de «peso y medida» pero existentes como algunos recuerdos, estas pinturas tienen más veracidad que la que aparentan los inútiles objetos con los cuales el hombre actual intenta renovar (lesionar) el paisaje para otorgar a las cosas valor de cambio, excusas para engañar y engañarse frente a la vida.
En estas obras, ajena a la moda, no ajena a los modos con los cuales se expresa el alma del poeta para avanzar a tientas hacia el misterio, Ileana Vegezzi, con la pintura casi monocromática, la reiterada desmaterialización y el ir hacia el espacio como descuidando lo cercano, aligeró la pincelada cuya expresividad ya conocíamos, sin abandonarla. Atenuó el dramatismo exaltado de su obra anterior para detenernos en la sequedad y la adustez del color, en la evocación de algo que ya fue y que sin embargo es: para la contemplación, para el festejo.
Un «cuanto de luz», un «cuánto de humano», de enorme belleza.
Víctor Grippo, 1992

Víctor Grippo / 1992

Lectura reverente y vehemencias de Veguezzi
Cuando los clásicos son nuestros contemporáneos.

"Para modernos, no hay como los clásicos" solía afirmar Azorín, aquel fino catador de atmósferas y matices significativos.
Tenía razón el maestro español, porque los clásicos no sobreviven a su época sino que, encarnándolas se proyectan en la posteridad, con el estremecimiento y urgencia de un contemporáneo. Bajo este signo, Ileana Vegezzi hizo su deslumbrada lectura de Chardln quien, a dos siglos de su muerte, motivó en París a comienzos de este ano, una exposición memorable. Bajo la tersa superficie de sus óleos, donde la luz recala morosa, filtrándose sin sobresaltos por el tejido poroso de la pincelada, Jean B. Chardln erigió un tiempo de validez Inmemorial y perenne. Pocos artistas se han servido con tal perfecta asiduidad de motivos y modelos mínimos y cotidianos: pocos, también, han sabido arrancar do ellos tan alta conjugación del verbo pictórico de las humildes terrinas, anónimos bodegones, solitarias naturalezas muertas; de los ensimismamientos, sugestivos por impensados, de "'las mozas de servlr".
 
Chardln supo encontrar el tono adecuado para estos "primores de lo vulgar" (para seguir la Importancia de Azorín) y demostrar. Sin explicitarla, la soberanía de su genio nutrido de eternidad. En correspondencia afín, Ileana Vegezzi  lo toma como punto de partida, en el espíritu más que en la forma explícita. Su muestra en Ruth Benzacar retoma la excusa de Chardin para lanzarse a su propia aventura. La suya es una lectura -un homenaje- tan reverente como plena de valentía. Se anima a inquietar con tintes dramáticos los sosiegos del modelo ilustre.
 
Con frecuencia, una grafía nerviosa perturba el plácido esquema inicial; el planteo abstraccionista así superpuesto, inquieta e instala la Imagen en la pulsión de hoy. El terreno elegido es el de la ambigüedad, y allí  reside su seducción. No se trata de desacralizar, sino de poner en hora las vivencias persistentes de un maestro bajo la mirada de una artista contemporánea.
 
Muchas cosas hay que agradecerle a Veguezzi más allá de su probidad de pintora; no es la menor, consignar su hondura sin detonancias ni vocinglerías, recurso muy frecuente de los contestatarios sin médula.
Sólida en la construcción, acortada en la expresión, sin Ostentaciones, Ileana Veguezzi desarrolla su teoría del color con una fecunda lirica que no se agota en la veintena de obras expuestas. El pastel concurre a distanciar pudorosamente la proximidad del egregio mentor tanto como el apremio, a menudo dramático de su fervorosa loctora.

Elba Pérez / Diciembre de 1979

Ileana Vegezzi posee índole, temperamento  y carácter de pintor, y calificar así su naturaleza no es ni perogrullada ni paradoja, sino constatación que se refrenda y empina con cada presentación de su obra. A estas disposiciones innatas la artista une la reflexión que sigue cursos similares a su tipo perceptual y hoy, cuando su discurso plástico llegó a la madurez plena, obtiene y ofrece los frutos espléndidos de esta feliz mixtura. No le faltó valor para mantenerse firme en lo suyo en épocas -no muy lejanas- cuando privó el enunciado teórico por sobre los valores plásticos y lo reafirmó con un laborar casi marginado del mundillo de las novedades y recetas de éxito efímero. No le faltaron seguidores perspicaces entre el público y los galeristas; aquellos que quisieron ver pintura la encontraron en Vegezzi en dos muestras (memorables en la sede anterior de Ruth Benzacar y en Van Riel,  ya en el domicilio de Talcahuano. En esta hora en que se vuelve a la "resurrecta" pintura. Ileana Vegezzi ostenta, con legítimo orgullo, el blasón de haberlo sabido desde la primera hora.


Paisajes y naturalezas muertas, algunos frutos dispuestos al azar sobre un paño cuyos pliegues se funden con la atmósfera le bastan como repertorio, como excusa temática. Son apenas elementos configurantes,  la plataforma mínima para su ejercicio lírico. Casi abstracta
 parte sin embargo, de un dato de lo sensible y allí reside la legitimidad del proceso pictórico y el fundamento de sus resultados. A Ileana Vegezzi todo se le vuelve pintura; está en el gesto arrebatado templado por la pasión de su pincelada, una de las más ricas, variadas y personales del medio. Está en la afinación segura del cromatismo, en la variedad sutil pero nunca insistida de los matices que en plena entrega gestual sabe construir y dibujar con dinamismo y sensual elegancia. La ambigüedad entre figuración y abstracción sazona sugestivamente la imagen. impidiendo la imagen fija, agotable a la primera lectura. En Vegezzi la imagen oscila entre ambos significantes y establece un juego dialéctico que la torna Infinita.

Esto se logra con un profundo conocimiento de la propia naturaleza y por el ejercicio crítico e intelectual que selecciona, afina y exige cada vez mayores y más arduos planteos.


Elba Pérez / Cultura. Tiempo Argentino / 31 de octubre de 1984

"La muerte de cada uno, caos para nuestra visión, quizá fuera solamente una negación aparente de su orden. Quizá la muerte es ella misma una resurrección para otra sensibilidad y otra visión absolutamente distintas de las que conocemos de nosotros mismos mientras no morimos." (Elías Piterbarg).

A través de paisajes con pájaros lleana Vegezzi construye un trayecto, un fatal desplazamiento, una única imagen reiterada.

En apariencia, detrás de ese aleteo (que fue alguna vez ascenso hacia la vida) hay un inevitable descenso hacia la muerte: el último descenso, hasta que arena y despojo lleguen a confundirse. Pero hubo un tiempo de preparación para que la materia muera y se recupere; para que el ave descienda a la tierra, para que la tierra ascienda al pájaro.

Y no es vana (a diferencia de la utilizada en su serie anterior, donde la naturaleza se imponía claramente a pesar de todo) esta técnica desmaterializante, nebulosa y arbitrariamente confusa, para inducirnos a contemplar el fenómeno no sólo con los ojos sino a través de una reflexión que nos conduzca a considerar por analogía nuestra propia existencia.

En esta serie de única temática, la de la parábola inscripta en el aire, el tema de la muerte (uno de los eternos temas del hombre) debe llevarnos a otro de los viejos temas: el de la vida; mejor aún, el de la Vida con conciencia.

Por eso, sean pájaros, abejas o nubes, no importa, en esta "teoría del vuelo iniciado tardíamente" que nos ofrece Ileana Vegezzi, tal vez en la disolución que marca este punto, el par muerte-vida llegue a provocarnos la idea de un único misterio. Porque el misterio existe y la razón interroga los caminos que conducen a él.


Víctor Grippo / 1978

Ileana Vegezzi presenta una voz original dentro de la plástica argentina contemporánea.

Luego de un breve pasaje por el informalismo, liberada para enriquecer sus metáforas, Vegezzi se vuelca al paisaje con una vocación ineludible, que le permite proyectar estados interiores. Es en el paisaje donde se produce el encuentro entre su yo profundo y el mundo exterior, entre el espacio íntimo y el espacio exterior; ambos crecen provocando la emoción del observador.

Lo reducido de sus temas cada vez más desmaterializados y más leves, la identifica con creadores genuinos del arte contemporáneo. Paisajes de vastas extensiones, grandes cielos, impetuosas caídas de agua, espacios plenos de resonancias que vienen del recuerdo (El Salto del Angel) y más aún del imaginario de la artista.

En la ligereza y oscilaciones en un espacio agitado las pinturas de Vegezzi poseen una estructura; un sistema de composición similar en todos los cuadros tiende a formas cada vez más simples.

Los cielos adquieren protagonismo; de coloración refinada a través del trazo del pincel la autora logra esa movilidad constante y una atmósfera sin la gravidez de lo físico.
El tratamiento de la materia es de particular importancia; trabajada con soltura con pinceladas de distinto espesor y transparencia y grafismos de trazos gestuales que concurren a la vibración del espacio. El color es sobrio, pero luminoso y enriquecido por sutiles matices.

Hay una búsqueda de infinito que se percibe en la sustancia poética de las pinturas de Ileana Vegezzi.


Sarah Guerra. De la Asociación Argentina e Interamericana de Crìiticos de Arte.

'Arboledas`; ´Naturalezas Muertas´, y "Paisajes'  en óleos y óleos-pastel, nos entrega en la misma galería Ruth Benzacar una pintora de intensa trayectoria que recoge el posimpresionismo y lo ahonda con una rebeldía notable, sugiriendo tres visiones diferentes de los referidos motivos. Ileana Vegezzi ya que de ella se trata, cuestiona como una confrontación, fondo y forma en versiones heterogéneas de rara atracción y libertaria actitud.

 

Aflora en su cromatismo sin contornos absolutos toda la intensidad con que puede desbrozar a la naturaleza y nos obliga, con todo respeto, a aceptar que esas composiciones sólidas y cuidadosamente estructuradas tienen también, y por sobre toda consideración, el sello evocativo y vivaz de contrastes impulsivos profundamente artísticos, poseedores de una estructura aparentemente inconsciente en el proceso de percepción dadas a esas formas por el color y no por la línea.

Reivindica  Vegezzi la causa íntima y recóndita de valores plásticos-pictóricos de estas obras, poniéndolas al descubierto con envergadura y plenitud. 


Laura Feinsilber / Ambito Financiero/ Octubre de 1986

Ileana Vegezzi es artista de reconocidos méritos en su luminosa trayectoria. Además de pintar con calidad, brío y solvencia artesanal, su arte tiene mensaje como bien lo percibe la prologuista Sarah Guerra. Cualquiera diría que no es fácil hacer arte con belleza tomando como leit motiv los tachos de basura. Ese argumento visual no es casual y apunta a la dura realidad por el que un porcentaje agobiante del mundo tiene que atravesar.
Lo que a mí me interesa destacar es la pincelada suelta de Ileana, un gestualismo de buena ley que contrasta con tanto gestualismo banal al que pretende acostumbrarnos. Recorrer una muestra de Ileana Vegezzl es cargar las pilas con energías vitales.

Rafael Esquirru / Arte al Día, 2004

ESTUDIOS SOBRE CHARDIN I
 
Muchas veces un artista actual puede sentirse atraído por otro de siglos pasados. No le basta admirarlo. Necesita desentrañar el porqué de su atracción y comienza entonces una serie de estudios pictóricos basados en alguno de sus temas o en su paleta. Tal es el caso de ILEANA VEGEZZI y del pintor  dieciochesco JEAN B. CHARDIN (1699-1779). Con CHARDIN, la temática de la pintura pasó por las cocinas burguesas y de ellas extrajo inspiración para naturalezas muertas integradas por animales de caza y productos do huerta. CHARDIN no Inventó la naturaleza muerta como género pictórico.
Este género tiene antecedentes notables: las Flores de CARAVAGGIO y los bodegones españoles de ZURBARAN o SANCHEZ COTAN. Sin embargo, a pesar de la extraordinaria dimensión de los  pintores nombrados, sobre todo, los dos primeros, CHARDIN supo dar a sus naturalezas muertas una vibración nueva por la calidad de la mirada que guiaba su mano. ILEANA VEGEZZI entró Imaginativa mente en una de esas cocinas dlociochescas
Y en ellas  encontró un pato con cuello verde, unos conejos salvajes, dos o tres frutas, un caldero y un Jarro de plata. Con estos pocos elementos realizó los 21 estudios al pastel sobre CHARDIN  que expone ahora en la GALERIA RUTH BENZAGAR (Talcahuano 1216.19). Lo que a primera vista parecería una limitación es, en verdad, un desafío que ILEANA VEGEZZI se hace a sí misma. Desafío del que sale victoriosa.
La técnica del pastel se caracteriza porque en ella dibujo y color surgen simultáneamente (recuérdese que el lápiz con que se dibuja es también el que colorea). Este hecho da a las obras realizadas una gran frescura, máximo cuando el trazo es rápido. A esto hay que agregar que ILEANA VEGEZZI no dibuja en sentido tradicional. Más que dibujo, encontramos en sus bellos pasteles una nerviosa sugerencia de la forma.

María Scuderi

Diseño y programación: Clic Multimedia