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Henrique Liberal Cardoso
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Autor/es: Henrique Liberal Cardoso
1997 - Ennio Ayosa Ediciones
Precio: $30
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120 páginas, 32 x 23 cms.
Tapa dura con sobrecubierta.
Texto de Juan Pablo Correa, en castellano e inglés.

Amplia muestra de la obra de este artista plástico de origen brasileño, que vive entre Miami y Buenos Aires.


Quizás el Pop Art sea uno de los modos de la pintura moderna que más despiadadamente refleja la superficie. Una visión plana de una realidad plana, como si uno dijera: esto es tan estereotipado que no hay posibilidad de transfigurarlo.
Pero por un curioso truco de magia, al representar a lo que es como lo que es, muestra emblemáticamente; la persona no es una persona, es solamente su profesión, su figura, su gesto, atributos extraños a ella: imagen. Lo que vemos, en suma, es superficie. Y, además, un nuevo folklore de la realidad cotidiana, como escribía Pierre Restany.

Un folklore donde todo vale lo mismo. Enseguida intuimos que lo plano de la persona forma parte de la desoladora superficialidad de este mundo y al acercarnos descubrimos que no hay nada real detrás de la imagen.
Imagen es la palabra clave. Sólo tiene entidad real aquello que filtra la televisión, los mass media. Por eso la deformación de algunos cuadros de Henrique Cardoso, donde la figura emblemática del performer está filtrada a través de la pantalla y en última instancia se justifica sólo por lo televisivo.
Porque sólo los vemos plenamente cuando, a través de la televisión, forman parte de esa realidad lisa.

A la manera de Andy Warhol, Henrique Liberal Cardoso no reinterpreta los rasgos de una persona. Los presenta desde la inmovilidad crispada de la fotografía.
El individuo sabe que posa, y ese parece ser todo su conocimiento acerca de sí mismo. Lo interior no se ve, no puede verse. Los cambios son en la superficie pero ya no en la piel sino en la imagen de la piel.
Una realidad mediática, satelital, cuya piel es la pantalla, actúa como una frontera que impone límites, sutiles condiciones.
De lejos todo parece igual. De cerca vemos de una manera electrónica, a través de señales y códigos, y al estar cerca de la imagen no podemos dejar de reconocer que todos formamos parte de una enorme red de comunicaciones que permite la ilusión de una imagen diferenciada pero que en última instancia, nos reduce a las mismas señales, a los mismos códigos.


 
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